Razones por las que la juventud actual ha dejado de ver la televisión

Ver la televisión ha dejado de estar de moda, y las estadísticas lo confirman. En España, el tiempo medio de consumo de contenidos televisivos el año pasado fue de unas 181 minutos diarios por persona. A algunos puede parecerles mucho, pero la tendencia muestra claramente un descenso. Cada año la audiencia de la TV se reduce, y el descenso es especialmente pronunciado en los grupos de edad más jóvenes.
¿Qué dicen los expertos?
Investigaciones de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) muestran que, entre los menores de 25 años, la televisión queda incluso por detrás de los pódcast. En este grupo de edad, el consumo de la TV tradicional a veces apenas alcanza los 30 minutos al día. Y cuanto más joven es la audiencia, más rápido desaparece el interés por la emisión lineal.
El paisaje mediático no ha cambiado en décadas, sino en una sola generación. Si antes la televisión era una ventana al mundo, hoy es más bien un sonido de fondo para los mayores. Incluso entre los adultos se observa un descenso. También estas generaciones cuentan ahora con muchas opciones de entretenimiento. Y cuando ven televisión, suele ser para seguir transmisiones deportivas. Un ejemplo claro son los partidos de fútbol, durante los cuales muchos aprovechan para hacer apuestas. Así nos lo indicaron los autores del sitio informativo sobre la aplicación Mostbet, a través de este enlace. Además de juegos, la app ofrece una funcionalidad completa para apuestas. Y cada mes más personas mayores comienzan a utilizarla.
¿Qué es lo que no convence a los jóvenes del contenido televisivo?
En otro tiempo, los canales de televisión marcaban la agenda: qué debatir, en quién confiar y a qué prestar atención. Hoy, eso va quedando atrás. Los jóvenes espectadores ven cada vez más a los medios tradicionales como una institución obsoleta y carente de credibilidad. Las razones no se reducen solo a la tecnología, sino también al contenido.
Una de las críticas principales es la evidente parcialidad política. Para muchos jóvenes, las noticias en la televisión no son información, sino propaganda cuidadosamente guionizada. Reportajes donde se omiten temas importantes o se presentan con un enfoque dirigido generan desconfianza.
No se trata solo de una crítica —es un rechazo al formato. Cada vez más personas prefieren canales independientes en YouTube o Telegram, donde se habla de lo que no aparece en el noticiero de la noche. Eso es lo relevante, aunque muchos productores de contenido televisivo aún no lo comprenden.
YouTube, Telegram, TikTok, pódcast: es ahí donde nacen hoy las nuevas tendencias mediáticas. Los jóvenes ya no esperan el informativo de la noche —reciben las novedades en tiempo real, de voces que ellos mismos eligieron. La comodidad se combina con una sensación de independencia —y ahí radica la fuerza del nuevo entorno informativo.
El valor de tener una opinión propia
Este fenómeno se refleja con especial claridad en el auge de los pódcast de autor. Personas sin formación periodística, pero con opiniones sólidas y acceso a una audiencia, reúnen a cientos de miles de seguidores. Política, economía, historia: temas que antes se consideraban “serios” hoy se tratan de forma personal y cercana.
Un caso revelador es el “fenómeno Alvise”: cerca de 800.000 votos en unas elecciones sin el respaldo de los grandes medios. Da igual si uno comparte o no sus ideas —lo importante es que se convirtió en un actor político exclusivamente gracias a su audiencia digital.
¿Por qué las redes sociales superan a la televisión? La respuesta está en el abanico de posibilidades que la televisión simplemente no ofrece. Los jóvenes están acostumbrados a tener control total sobre su espacio informativo.
Estas son las ventajas clave que hacen que las plataformas digitales resulten atractivas:
- Contenido a demanda — posibilidad de elegir temas, formatos y fuentes;
- Ausencia de publicidad intrusiva — o la opción de omitirla fácilmente;
- Flexibilidad de visualización — pausar, adelantar, acelerar;
- Interactividad — comentar, participar en debates, enviar mensajes a los creadores;
- Personalización — los algoritmos recomiendan lo que realmente interesa.
Para una generación que ha crecido con un smartphone en la mano, esto no es solo comodidad: es la norma.
Los mayores siguen con la televisión más por costumbre que por convicción
Las personas mayores suelen seguir siendo fieles a la televisión, no por principios, sino por hábito. Simplemente no se sienten cómodas en el entorno digital, y por tanto, no consideran otras alternativas. Su forma de consumir medios se formó en una época en la que la TV era la única ventana al mundo.
Con los jóvenes ocurre lo contrario. Son usuarios nativos de las plataformas digitales, acostumbrados al cambio constante de formatos, a la respuesta inmediata y a múltiples canales paralelos. En su universo, la televisión no solo resulta incómoda —es innecesaria.
Un joven de 18 años hoy no solo consume noticias: las filtra, las evalúa y las difunde. Y lo hace más rápido de lo que tarda en terminar el telediario de la noche.
¿Ha bajado la calidad de la información?
La información está más cerca que nunca, pero ¿es más fiable? Con el paso al entorno digital también crecen los riesgos: los bulos se difunden con la misma rapidez que las investigaciones rigurosas. No todos los influencers contrastan los hechos, y los algoritmos a menudo priorizan el contenido que “engancha”, sin importar su veracidad.
Algunos expertos advierten: el acceso libre no equivale a un consumo de calidad. Para orientarse en este flujo, se necesita alfabetización mediática —la capacidad de detectar manipulaciones y buscar pruebas. Esto es especialmente importante en un mundo donde cualquiera puede convertirse en fuente.
Pero si todo depende del usuario, surge otra pregunta: ¿quién establecerá los estándares —las redacciones tradicionales o los nuevos algoritmos?